Fuera estereotipos, una apuesta por la inclusión: vuelve la Barbie en silla de ruedas

Altas, bajitas, delgadas o con curvas, rubias, morenas, afroamericanas y ahora con capacidades motoras diferentes


El esfuerzo de Barbie por romper la caja de cristal de la rubia, flaca y perfecta -irreal- modelo, la llevó a ampliar la oferta. Son la Barbie en silla de ruedas y la Barbie con una prótesis. Estos dos diseños se unen al elenco en el que ya casi todas las mujeres pueden verse reflejadas y en el que más allá de las altas, bajitas, delgadas o con curvas, rubias, morenas, afroamericanas… por fin hay lugar para las que sufren discapacidad, o como prefieren decir muchos, tienen capacidades diferentes.

Kim Culmone, la vicepresidenta de Diseño de Barbie de Mattel reconoce que era “la más demandada desde hace muchos añosa través de la línea directa de atención al cliente”. Para representar bien a este colectivo trabajaron intensamente con Ucla Mattel Children’s (expertos en sillas de ruedas) y está hecha “como la que usan quienes tienen discapacidad física permanente, y puede adaptarse a toda la línea de muñecas flexible Made to Move”.

La empresa trabajó también con Jordan Reeves, un chico de 13 años que tiene una prótesis como brazo y es el fundador de la organización Born Just Right para “dar soluciones a los chicos con discapacidades para vivir con más igualdad de posibilidades”. Fue él quien dio indicaciones al equipo para ser fiel a la realidad.

La nueva Barbie en silla de ruedas, sin embargo, no es la primera de la historia de la firma. El juguete existió en el catálogo de Mattel en 1997. Era una muñeca que se llamaba Becky, y era la mejor amiga de Barbie. Todo un adelanto en esa época que, sin embargo, no se adaptó ni siquiera al catálogo de Mattel pudiera adaptarse a su presencia. ¿Un ejemplo? La amiga discapacitada de Barbie no podía entrar con su silla de ruedas en la Casa de los Sueños, no podía manejar…

Un poco más tarde se rediseñó la silla de Becky (y a ella le cortaron el pelo) y apareció con un modelo mucho más moderno que seguía sin entrar en ninguna parte. El éxito fue brutal pero Becky y su silla desaparecieron del catálogo como por arte de magia. Falta saber si con la llegada de las nuevas Barbies con discapacidad (o con capacidades distintas, se insiste) la multinacional juguetera va a dar solución en forma de la “accesibilidad” que falló un día.

A finales del año pasado Barbie también anunció su Proyecto Dream Gap. Se trata de una iniciativa global de largo recorrido que busca crear conciencia sobre los factores que impiden que las niñas alcancen su máximo potencial.

Desde su nacimiento en 1959, Barbie “ha buscado inspirar a las nenas a imaginarse que pueden ser lo que quieran”. Por eso se pusieron manos a la obra atendiendo a diversas investigaciones como las de la Universidad de Princeton, Universidad de Nueva York y la Universidad de Illinois, que coinciden en que a partir de los cinco años las niñas encuentran mayores limitaciones que los niños a la hora de considerarse inteligentes, y como resultado comienzan a perder confianza en sus competencias. Este concepto recibe el nombre de “Dream Gap”.

Los estereotipos culturales, las diferencias de género, así como la representación mediática se encuentran entre los principales promotores de este problema. El análisis de este comportamiento es relativamente nuevo y está poco investigado, especialmente su impacto en niñas entre los 5 y 7 años.

Fuente: El Clarín


El Corresponsal, en el lugar de la noticia.

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